¡Por el amor de Grayskull!

Es difícil explicar a quien no haya sido niño en los 80, lo fuerte que pegaron los Masters del Universo. Esos ejércitos de monigotes hipertrofiados y sus cada vez más descabellados accesorios fueron el sueño de cualquier chaval enganchado a la serie – una campaña publicitaria de Nobel – y la pesadilla de cualquier padre que tuviera que hacer frente a un catálogo juguetero inabarcable.

Y aunque el bueno de He-Man y compañía han seguido haciendo apariciones esporádicas en el imaginario popular, ya sea en forma de memes o de reinvenciones serializadas de discreto éxito, ha permanecido alejado de la pantalla grande -desde aquel desbarre protagonizado por Dolph Lundgren que merece su propio artículo- mientras otros productos similares de la época han ido teniendo sus adaptaciones. Y si G.I. Joe, Barbie, y hasta el maldito Hundir la Flota han tenido sus propias películas, era más que obvio que el turno de Adam, Skeletor y el resto de la pandilla tenía que llegar más pronto que tarde.



 

“Masters del Universo”, de Travis Knight, se presenta ante nosotros con un primer punto a favor indiscutible: El mundo de Eternia y sus habitantes se nos presentan tal y como lo conocimos. Lejos de la “oscurificación” o peor, la militarización a la que se suele someter a las revisiones clásicos infantiles como los Transformers de Michael Bay, el mundo que He-Man habita se nos presenta en toda su gloriosa petardez. No sólo asumida, sino potenciada. Masters del Universo es una película que no se toma en serio a sí misma ni un solo segundo. Un armageddon estético de horteridad absoluta con un diseño de producción sin ningún miedo al ridículo, una banda sonora que incluye solos de Brian May como refuerzo épico y un uso selectivo del metalenguaje que permite a la cinta de Knight reírse de su misma razón de ser, incorporar los memes que la han visibilizado durante la última década y, en definitiva, poner una mano en el hombro al espectador como diciendo “tranquilo, lo sabemos. Tú déjate llevar”.



Pero, ¿Qué tal es la película?. Pues, como es de esperar en un aparato nostálgico de este calibre, Masters del Universo necesita que el espectador ponga de su parte para que su propuesta funcione. Y se mete en no pocos berenjenales: Siempre puede ser que el humor paródico moleste a quien buscara un episodio literal de la serie de los ochenta. O a quien no le guste el primer acto en el que Adam tiene que desenvolverse en la Tierra en vez de saltar directamente a la fantasía. Incluso habrá quien deseara ver esto convertido una especie de El señor de los Anillos. Lo cierto es que MOTU funciona mejor como comedia que como lo que se suponga que debiera ser cuando no está tirando chistes. Y eso es un problema. Pero un problema a medias.

 

 

 

Está claro que Travis Knight ama la serie original, la colección de muñecos y el desquiciado universo que Mattel y Filmation crearon para arruinar a nuestras familias. Pero también entiende que no puede vivir solo de cuarentones y que los jóvenes de ahora son más proclives al cine tiktokizado y al posthumor y no saben lo que es pasarse meses clamando al cielo para que los reyes magos le traigan a Hordak. MOTU busca a ese público, poco atado emocionalmente a los personajes, usando un tono de autoparodia que, al final, resulta ser lo que mejor funciona. Los tropos más risibles de la serie están. Para reirse de ellos, pero están. Y ese doble juego hace que el guión de Chris Butler, Adam y Aaron Nee funcione a nivel cómico a unos niveles muy superiores a como funciona como película de aventuras, superhéroes, fantasía, o cualquier otro género en el que pudiera catalogarse.

Desde el reparto, eso sí, se le pone todo el empeño del mundo. Nicholas Galitzine aprueba con nota su doble papel, aunque destaca más como adolescente atontado que como superhombre. Idris Elba y su destacable bigote a lo Shaft parece haber ido a pasárselo bien y tanto Camila Mendes como Alison Brie hacen todo lo que pueden con unos papel los que le han puesto más carga que mimo. El Skeletor de Jared Leto podría considerarse el gran acierto de esta película, pero siendo honestos uno no puede determinar cuánto aquí se puede atribuir al actor. En cualquier caso su personaje resulta aterrador y ridículo al mismo tiempo, aunque de una forma distinta a la de la serie, y resulta tan icónico como el villano merece.

 

 

 

Atracón de nostalgia y sobrecarga de horteridad aparte, Masters del Universo no tiene demasiado que ofrecer. La aventura que plantea la hemos visto infinidad de veces y la dirección de Knight -que tiene en su haber una joya como Kubo y las dos cuerdas mágicas- es genérica al nivel de cualquiera de las películas de Marvel más olvidables. Pero es el guiño constante y totalmente desvergonzado al chiquillo interior que nos ha arrastrado a la sala lo que coloca a Masters del Universo por encima de cualquier otra película-merchandising. El poder de este He-Man es darnos dos horas y media de placer culpable, y provocar a ese chiquillo una sonrisa tontorrona. Y probablemente, era todo lo que necesitábamos.