El día de la revelación, es el título español de la última obra de Spielberg, un título que, en cualquiera de sus traducciones, no deja volar la imaginación para lo que nos espera de esta nueva obra del director de Tiburón. El tema es sencillo, todo gira alrededor del anuncio de la constatación fidedigna de que no estamos solos en el universo. Así pues, por si aún no está del todo claro, va de “first contacts” -del tipo X Files- tema recurrente en la filmografía del estadounidense.
Como si un film de piezas que han de juntarse se tratara, recordando por momentos al estilo de Shyamalan (no en vano director de Señales, 2002), todo deviene un cúmulo de situaciones que derivan en esa revelación final. Por el camino, autoreferencias tanto de estructura como en detalles que hacen que la espectadora agudice sus sentidos. Hay muchas películas en una en Disclosure day: Close encounters (1977) es la base, en ese ímpetu por encontrar algo que no sabías que buscabas, en tener la necesidad irresistible de ir a un punto concreto y conseguir esa resolución vital. E.T. (1982) es el corazoncito, aquí lo mágico infantil y la empatía por un ser de otra galaxia entran en juego; por lo demás, guiños para fans y una banda sonora, del sempiterno Williams, que se permite hacer un sutil auto repaso en sus andanzas junto al de Ohio, toquecitos de Indiana, de IA (2001)...
Por lo demás, un film que, irónicamente, no desvela nada ni parece tener un objetivo claro más allá de esa reunión final, que todos sabemos y esperamos. La sorpresa no es el punto, éste es sólo el concepto de sacar a la luz una verdad callada durante décadas sobre una realidad que puede cambiar percepciones vitales y ponernos a prueba como especie, atentas, el punto es que se queda en el concepto. Y aquí radica el pero más grande de la película, el propósito. Con un presupuesto de más de 115 millones de dólares y una capacidad de entrar en todas “las mentes” del mundo (valga la redundancia con el propio film), una película que cuenta con un equipo de excepción delante y detrás de las cámaras, Blunt, O'Connor, Firth, Hewson, Kaminski, Koepp, Williams o Spielberg, y va de la mano de la Universal, una de las distribuidoras más poderosas del mundo, no puede ser un mero planteamiento. Es casi inmoral destacar la empatía como pieza fundamental y pasar de puntillas por la realidad humana del momento. El riesgo es un factor que desaparece en Disclosure Day, la profundidad es inexistente en los diálogos e interacciones y destila un miedo -inaceptable- a tener una finalidad elevada que transforme tu obra de arte en un faro, por potente que sea, para unos seres humanos que han perdido el norte. Steven es capaz y ha sido capaz de hacer un cine trascendental, a las propias autoreferencias nos remitimos, dos obras que superan con creces a esta, así pues, la pregunta es inherente ¿es necesaria esta revelación vacía? Para mi no.
Ahora bien, no seamos cáusticas, el film es disfrutable si te lo tomas como lo que es, un viajecito al mundo de Oz naif e infantil, un producto menor del director que, como dirían muchas compañeras del medio: “se puede ver”; solo sea para disfrutar de las maravillosas Emily Blunt y Colin Firth, una excelente banda sonora, encontrar easter eggs y reirte de los efectos especiales (sí, te ríes y piensas con nostalgia en Jurassic Park, pero esto os lo dejo a vuestra revelación).