
El verano puede que sea caluroso, muy caluroso, puede que sea uno en el que tengas que trabajar en agosto y puede que tengas que postergar esas merecidas vacaciones, ahora bien, tenemos un reducto de esperanza para ahogar nuestras penas y ese sin duda es el Atlántida Film Festival, nuestra cita imprescindible de julio y agosto en Filmin.
Desde su fundación, ya hace más de 15 años, hemos seguido fieles a este chapuzón veraniego de películas cuya curación no deja de sorprendernos y satisfacernos a partes iguales. Esta edición no podía ser menos y a parte de sospechosas habituales y nuevas caras del panorama cinematográfico, la plataforma online nos regala sendas retrospectivas como la de Angelopoulos, Trine Dyrholm, Gael García Bernal, Bertrand Mandico o Alexandre Desplat para redondear una propuesta de lo más refrescante.
Como cada año, nos deleitamos con una selección del programa en la que viajamos de sección en sección cual náufraga buscando una isla maravillosa. Y lo mejor es que encontramos todo un conjunto de ellas, a cuál más diversa e interesante. Y para diversidad, empezamos la crónica con una de las joyas del festival, la imponente “La risa y la navaja”, de Pedro Pinho (S. Rebels), una epopeya de casi 4 horas que te sumerge en Guinea-Bissau y te zambulle de lleno en el postcolonialismo sin chorradas permitiéndose un acompañamiento de perspectiva de género y dinámicas sexuales impecable. Todo un lujo para reflexionar desde un punto de vista muy consciente sobre los efectos capitalistas y/o primermundistas para con este gran pedazo de África. Las actuaciones van de la mano de la sobresaliente factura y dirección, siendo las protagónicas con el trío de Sérgio Coragem, Cleo Diára y Jonathan Guilherme un deleite interpretativo innegable.

Viajamos hacia el norte y sin perder de vista los efectos político-económicos, “Made in EU” de Stephan Komandarev (S. Domestik) traslada su discurso a su Bulgaria natal y lo contextualiza durante el brote de covid en la fábrica textil de un pequeño pueblo rural. El trabajo es escaso y precario, la fábrica, una deslocalización barata de grandes marcas estadounidenses es una de las pocas fuentes de ingreso de gran parte de la comunidad y el peligro al cierre que conlleva la pandemia, se traduce en una cuestión de supervivencia. En esta tesitura, el film plantea el desvarío social que sucede al culpar del inicio del brote a una trabajadora, una cabecilla de turco fácil cuando el miedo y el odio facilitan alejarse de la realidad. La única persona íntegra del film lo resume a la perfección: “lo que nos contaron sobre el comunismo era todo mentira, lo que nos contaron del capitalismo era todo verdad”.
Y con esta desazón, ante un mundo que parece abocado a la involución, podemos introducir “Un secuestro familiar” dirigida por Gábor Holtai (S. Raw). Un thriller húngaro muy oscuro en el que la identidad impuesta es aceptada ante, en definitiva, una perspectiva vital de padecimientos y penurias.

En la locura de quien ostenta el poder, el resto de las personas son propiedades para usar a su voluntad y el uso de la violencia es inherente, es por eso que Papa lleva con brazo de hierro, y con pensamientos decimonónicos, a su familia, aunque en realidad no lo sea o simplemente no quieran serlo, eso carece de importancia cuando eres “todopoderoso”, ¿no? Lo serán y lo harán. La dictadura del capitalismo está servida.
Y es que el paternalismo -nunca mejor dicho- del sistema no es algo del presente, el pasado nos recuerda que es un viejo conocido, y si no se quiere creer, visitemos la isla danesa de “Tell Everyone” dirigida por Alli Haapasalo (S. Raw), un lugar recóndito donde mantener presas a aquellas féminas fuera de la norma, fuera de lo aceptado, en algún momento, libres.

Nacer mujer y tener tus propias ideas nunca ha sido bien encajado, el problema es cuando te pillan, deciden que tienes algún tipo de “histeria”, una bonita palabra para esconder la amenaza en potencia que se veía/ve en aquellas/estas disidentes. Cuando eso ocurre, la solución es enviarte a un bucólico y sobretodo bien apartado lugar para empezar tu “reeducación” forzosa o simplemente apartarte del resto del mundo. En definitiva para romperte el espíritu a base de frustración e impotencia. En este film seguimos el caso de Amanda y aunque en apariencia “consiguen” sus objetivos a niveles muy bestias con ella, el film nos demuestra que la lucha es un camino del cual a lo mejor no ves ni vives el final, pero ganas batallas, unas que generan esperanza para las nuevas generaciones. Amén.
Y cierta esperanza, aunque cambiando de especie, vemos en dos excelentes obras; La gallina de György Pálfi y La odisea de Dandelion bajo la batuta de Momoko Seto, ambas de la Sección Earth.

Es ardua tarea describir con palabras la maestría que desprende la obra del director húngaro, una película protagonizada por una gallina que merece el mayor de los galardones interpretativos (humanización mediante). Desde su huida de la granja hasta su emancipación, esta gallina pasa por todas las aventuras y desventuras vitales que puedas imaginar desprendiendo una lección de vida que trasciende al propio ser humano. Alrededor de la protagonista, precariedad, inconciencia, trata de personas, migración forzosa y mucha violencia, una autodestrucción que a la postre acaba demostrando una obviedad vergonzosa, sin las personas, empieza la vida de verdad.

Y es que la vida se abre camino, parafraseando al Dr. Malcolm, cosa que vemos maravillados en La odisea de Dandelion, una aventura espacial, en este caso, vegetal, en la que los protagonistas son semillas del diente de león superando adversidades de todo tipo para sobrevivir y perpetuarse tras el colapso de la Tierra. Una fantástica y entrañable historia que hace uso de la proyección emocional, personificando a las plantas que se sienten como si de un animal se tratara, manteniendo una preciosa tensión durante todo el metraje. Simplemente magnífica.
Memory of Princess Mumbi de Damien Hauser (S. Rebels) es otra de las maravillas del Atlántida Film Festival, un derroche de imaginación y amor al cine en toda su expresión que nos llega desde Kenia. Un film que nos demuestra apabullantemente cómo el uso de la IA en buenas manos puede llevar a excelentes fines con una buena dosis de humildad. Memory es un film futurista en el que se han sucedido varias guerras que han cambiado el aspecto de las ciudades ahora más del estilo “arbóreo” fundido con la naturaleza, en esta tesitura un par de jóvenes quieren hacer un documental, pronto e inspirados e instigados por Mumbi se lanzarán a la creación de una ficción involucrando a los autóctonos del lugar. El amor delante y detrás de las cámaras es inherente pero la historia no ha hecho más que empezar y las ilusiones de un día son el sinsentido vital para el siguiente. El destino es el que es, un conflicto eterno.

Dentro de las obras más destacadas se encuentra lo que vamos a permitirnos denominar la trilogía del ayer y hoy con Lesotho, Chechenia y Sáhara Occidental como aparadores.
Una infancia en Lesotho de Lemohang Jeremiah Mosese (S.Trend) hace uso de un estilo casi poético para avanzar por su niñez a través de imágenes del hoy de un lugar que se cuestiona como su tierra y se reivindica en nombre de Sobo y su propia madre como propios más allá de las fronteras y la historia atravesadas. La cámara lenta muestra, incansable, caras, calles y recuerdos acompañados de una voz en off en pleno estallido de remembranza. En otra liga navega Memory de Vladlena Sandu (S.Echoes) , un recorrido descarnado de la infancia de la directora y su supervivencia a la guerra, un bello y al mismo tiempo terrible documental que es sabio en plasmar la sinrazón de una contienda entre pueblos y la larga sombra del odio a través de generaciones cuyas cicatrices validan y potencian la perpetuación de la violencia una y otra vez. Una guerra que nadie gana ni ganará nunca. Como talmente condenada parece la protagonista de Nomad Shadow dirigida por Eimi Imanishi (SO Raw), una expatriada del pretendido vergel español a su pueblo saharaui natal. El choque cultural y social es obvio, así como las grandes diferencias para con la perspectiva de género en un lugar que está abandonado por partida doble. Los estigmas del que vuelve retumban en el presente transformados en acritudes y desprecios, un rechazo difícil de superar que deriva en ese ímpetu por escapar, escapar de cualquier manera.

También hay espacio para la comedia -y la tragicomedia- en la programación del Atlántida.
Egghead Republic de Hugo Lilja y Pella Kågerman (SO Raw) se presenta como una cinta de ciencia ficción con mucha ironía en la que una zona restringida sirve de campo de experimentación libre e ilimitada tanto científica como artísticamente en la cual aterriza la joven protagonista hambrienta de reconocimiento. Un film un tanto fallido en cuanto a sus metas que salta de la crítica al periodismo sensacionalista manipulador, al sexo con centauros y la inmortalidad sin que acabe por concentrarse en su mensaje. Salvando distancias pero en esa línea, con una protagonista ávida por triunfar en el mundo de la moda y el mundo ilógico de los influencers, se halla Idiotka de Nastasya Popov (SO Raw), una sátira que esconde dinámicas familiares enquistadas y el proceso para superarlas en una sencilla historia de autoconfianza y cierta maduración.

Una comedia no pretendida la hallamos en Folktales de Heidi Ewing y Rachel Grady dentro de la Sección Earth. Este documental ártico nos traslada a un campo educativo para adolescentes con ciertas diversidades en cuanto a la relación social. Empero, hace gala de mucha trascendencia a través de bellas imágenes con cierto realismo crudo pero sin que se profundice realmente en nada. Podría ser el retrato de una nueva sensibilidad juvenil, pero se va deshilachando a medida que avanza perdido en revelaciones seleccionadas y relegándose del “big picture”. A la postre, una especie de videodiario de 4 chiques adinerados pasando un año de “excedencia” con lobos que poco pueden hacernos empatizar con sus banales introspecciones.
Algo menos fría quedó la sensación tras ver Islands de Jan Ole Gerster (S. Domestik), que aunque quizás se extiende en demasía en su metraje, su estilo que recuerda a un noir clásico, es capaz por momentos de embelesarte, algo que dista mucho de la trama algo desfasada de su época en superficie aunque interesante en profundidad. Sin llegar a las cimas de Infinity Pool en cuanto a alegoría, este es un film en el que el verano se convierte en una pesadillesca situación con un instructor de tenis como target. En Tenerife, la estación veraniega y todo lo que conlleva a nivel turístico puede durar todo el año, la cuestión es si crees que puedes soportar estancarse ahí, fantasear es gratis, pero es posible que haya algo más ahí fuera… O no.

La incógnita se expande en la programación y nos adentramos en la sección Arts con la mini serie El misterio Ruffini de Giacomo Minoia, una interesantísima historia de falsificaciones. Ser consciente de que probablemente una gran parte de las obras pictóricas expuestas en los más prestigiosos museos es falsa te da una perspectiva muy curiosa sobre lo que valoras o dejas de valorar para con el arte. Más allá de las pugnas legales, las cuales tienen que ver con la inherente mercadotecnia, lo que incita viendo esta serie es ese vacío al conocer el nivel de manipulación al que estamos expuestas con algo tan sencillo o complicado como un cuadro en una pared y todo lo que conlleva. Es irónico que quieran llevar a juicio a supuestos falsificadores cuando los propios museos no se atreven a colgar algunas obras originales. A la postre una persona que se lucra con artículos de mega lujo nunca afectará a personas de a pie que no sufrirían un ataque si todo el Louvre desapareciera.
Para cerrar con esta travesía del Mallorca Film Festival de Filmin, y siguiendo con el thriller, otra joyita del certámen y uno de los films más esperados: Blue Film de Elliot Tuttle (S. Trends).

El título, porno de bajo presupuesto, hace referencia a lo que se dedica “Aaron” para ganarse la vida, cosa que combina con citas a domicilio para el mejor postor. En una de estas visitas encontrará mucho más de lo que buscaba encarnado en su misterioso “comprador”. Sin entrar en spoilers, el film es una preciosa, sí, preciosa aproximación a la pederastia y a la autorreflexión vital. Con apenas un escenario y dos actores, la película aguanta el intercambio dialéctico así como el incesante cambio de roles brillantemente para vertebrar un marco en el que podamos entender a los protagonistas y empatizar intelectualmente e incluso permitiéndose algún que otro golpe de efecto sin recursos lastimeros con una emotividad realista y en su justa medida. Para tratarse de un film estadounidense, sorprende -gratamente- la forma en la que es tratado el tabu de la temática así como la presencia de una plena exposición corporal con desnudos y escenas pseudoexplícitas de sexo. Es de agradecer encontrar obras de arte que no se limiten por la moral y adquieran una de las funciones más importante del séptimo arte, abrir la mente. Maravilla.
De nuevo, el AMFF no decepciona y demuestra cómo año tras año lleva su embarcación a mejor puerto, uno en el que el mejor cine del momento surca nuestras pantallas y nos inunda de nuevas aventuras cinematográficas para nuestros sentidos. ¡A toda vela Atlántida!
Amarramos pues el barco a la espera de una nueva edición no sin antes dejaros, como bien procede, con el Palmarés.
Palmarés oficial Atlàntida Mallorca Film Fest 2026
Premio a Mejor película de la Sección oficial nacional
Lionel de Carlos Saiz
Premio Dama Agustí Villaronga a la Mejor Película Nacional
Mala bèstia de Barbara Farré
Premio a la Mejor película de la sección Trends
Blue Film de Elliot Turtle
Premio del público
El ciclo del amor de Orlando von Einsiedel
Premio del Jurado a la Mejor película balear
La carn de Joan Porcel
Premio al Mejor cortometraje balear
La barraca de Júlia Castaño
Premio Master of Cinema del AMFF
Alexandre Desplat
Mejor Película Online de la Sección Oficial RAW
Yes! de Nadav Lapid
Atlàntida Talents Lab
Premio Atlàntida Mallorca Talents Lab 2026: La forma animal de Sofía Esteve e Isa Luengo
Premio Kinotico: La forma animal de Sofía Esteve e Isa Luengo
Premio Abycine Lanza: Cupido y otros arqueros de Erik Rodríguez Fernández
Premio Málaga Talent: Mariang Maturana por Jarabo Spanish Psycho y Fernando Nagore por Alois
Premio del Director del Festival de Málaga: La jaula de Juan Manuel Montilla ‘El Langui’
Premio Solworks: Vía Cintura de Joan Bover Raurell